¡Hola amante de las historias! Permanecer en una sala de espera de un hospital mientras que un familiar cercano está siendo intervenido quirúrgicamente no es para nada sencillo.

La situación se complica cuando es la segunda operación de un niño de 5 años de edad. Esta es la conmovedora historia de Slade Thompson. ¡Quédate hasta el final para que conozcas el desenlace de la historia y No olvides Compartirla con tus amigos!


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Por Esta Razón El Niño Le Pidió Un Abrazo

Slade tuvo un año difícil pues a su corta edad había tenido diversas afecciones de salud que le habían obligado a pasar por distintas cirugías.

En su segunda intervención los doctores le removerían las amígdalas.

Durante todo el tiempo que el pequeño permaneció en el quirófano la madre estuvo muy nerviosa. Veía la hora cada pocos minutos y caminaba de un lado a otro, al tiempo que ingería un té relajante.

Luego de algunas horas, los doctores le informaron que el procedimiento había sido exitoso pero que aún tendría que esperar para poder ver a su hijo, quien estaba recuperándose de los efectos propios de la anestesia y los calmantes.

La madre de Slade al saber este información relajó todos sus músculos. Su hijo estaba sano y salvo, así que sus temores se disiparon en gran medida.

Pocos minutos después una enfermera ingresó a la habitación a tomarle los signos vitales a Slade.

Annie Hager, la enfermera, se encontró con que el niño estaba bastante bien. Luego de realizar todos los exámenes físicos de rigor le dijo que en poco tiempo su mamá podría entrar a verlo.

La respuesta de Slade la conmovió de una manera inimaginable. Él le dijo que lo abrazara hasta que llegara su madre porque estaba asustado.

Annie con mucho cariño se recostó a su lado y lo envolvió por largos minutos en un cariñoso abrazo.

Cuando la madre de Slade entró a la habitación y vio la escena empezó a llorar sin poder contenerse.

Se sintió agradecida por el generoso trato que la enfermera mostró con Slade y agradeció que se tomara el tiempo necesario para consolar a los pacientes.

A veces un abrazo o una palabra de aliento pueden ser suficientes para darle ánimo a una persona de seguir adelante.

No importa el trabajo que desempeñemos todos tenemos que ser capaces de demostrar empatía por las demás personas.

Nuestros gestos y acciones tienen poder. Atrevámonos a mostrarnos generosos con quien necesita de nosotros, sin importar si es un niño o un adulto.

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YM
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