¡Hola Amante de las historias! La tecnología y las redes han revolucionado todo, al punto de que hoy en día existe el fetichismo virtual y no creas que exagero. 

Acompáñame a conocer la historia de Ceara Lynch, una emprendedora singular que ha ganado mucho dinero complaciendo vía internet los fetiches de muchos hombres. Lee hasta el final y comparte con tus amigos.

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Inició Su Emprendimiento A Los 17 Años

Ceara tiene 29 años y cuenta, que inició su negocio accidentalmente a los 17 años cuando un hombre la contactó a través del internet y le preguntó que si podía comprar su orina. El hombre le escribió en el chat.

– Estoy dispuesto a pagar por tu orina 250 dólares. A lo mejor si lo haces con frecuencia puedes tener una entrada fija de dinero.

El ofrecimiento llamó la atención de la jovencita y se dio a la tarea de investigar, si la conducta de este hombre era más común de lo que ella imaginaba y ver si lo hacía o no.

Al investigar encontró que se trataba de una conducta fetichista

El fetichista persigue la satisfacción sexual en solitario utilizando objetos inanimados, aromas o alguna parte del cuerpo.

El fetichismo es un trastorno de la identidad sexual en el cual la persona se excita y obtiene placer usando algún objeto que se llama FETICHE.

Con esto claro y  sabiendo que no corría riesgo de contraer una enfermedad de contagio sexual, porque sencillamente, no intimaría con ningún hombre… Ceara inició su negocio.

Nació Humillatrix

Humillatrix es el nombre con el que se ha dado a conocer Ceara en el ciberespacio. Ella humilla verbalmente a los hombres que solicitan sus servicios en la red.

Las solicitudes son de distinto tipo y van desde ofensas sexuales como «TIENES TU PI.. MUY PEQUEÑO», hasta humillaciones de tipo financiero.

De todo se puede conseguir en este nicho…

Es un negocio muy próspero

Sus padres creyeron al principio que Ceara se prostituía y temían por su salud pero cuando ella explicó lo que hacía, consideraron que representaba menos riesgo.

Ceara ha ganado mucho dinero con este negocio. Pudo pagar sus préstamos estudiantiles y hasta compró dos casas con las ganancias obtenidas.

Han pagado miles de dólares por sus heces fecales, otros tantos por su ropa íntima y aunque no lo creas, hasta por el papel sanitario del bote de su baño.

Ella asegura que:

«Ser su propio jefe no tiene precio y que hoy en día, gracias a la tecnología, una mujer solo necesita una cámara web y un ordenador para que pueda tomar el control de su propia vida y hacer su dinero”.

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MP
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