¡Hola Amante de las historias! La fe mueve montañas, reza un refrán y a muchos ha curado, según más de un pasaje bíblico.

Aunque la fe le sobraba a la hermana Cecilia María, no la curó pero sí le dio la serenidad para partir de este mundo en paz. Conoce su conmovedora historia y compártela con todos tus amigos.

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Sintió El Llamado De Dios Desde Niña

La hermana Cecilia fue una niña amorosa y muy piadosa que sabía a lo que dedicaría su vida cuando fuera grande. Contaba que siendo muy pequeña, estaba segura de que había nacido para el servicio a los demás y consagrar su vida a Dios.

A los 26 años hizo sus primeros votos en la orden de las Carmelitas Descalzas en el Monasterio de Santa Teresa y San José en Argentina y 4 años más tarde, reafirmó sus votos para continuar haciendo el bien y ayudando a los necesitados.

Quienes conocieron a la hermana Cecilia, recuerdan su dulce sonrisa y actitud positiva ante la vida. Disfrutaba plenamente su vida religiosa y le encantaba tocar el violín, cosa que hacía con gran destreza.

Un día al levantarse, sintió una molestia en su lengua. Era una sensación extraña combinada con ardor y al poco tiempo, apareció una lesión que comenzó a crecer junto con el malestar que le causaba. 

Al consultar al médico y luego de algunos exámenes diagnósticos, la noticia fue poco alentadora… El doctor le informó que la úlcera que tenía en la lengua era cancerosa y debía someterse a un tratamiento riguroso.

La hermana Cecilia, sonrió como de costumbre y se limitó a decir, que si la voluntad de Dios era esa, ella la aceptaba.

La salud de la hermana Cecilia fue deteriorándose cada vez más y a pesar de su batallar, sucumbió a la enfermedad que había hecho metástasis pulmonar.

Los últimos días de la hermana Cecilia transcurrieron en el hospital, donde recibió una atención esmerada, todos se maravillaban al ver su optimismo y fe inquebrantable, aún en sus últimos días.

Al sentir que su hora se acercaba, escribió una nota a sus parientes que decía:

“Estaba pensando cómo quería que fuera mi funeral. Primero, poco de fuerte oración y después, una gran fiesta. ¡No se olviden de rezar, pero tampoco de celebrar!”

La hermana Cecilia partió de este mundo feliz con una sonrisa dibujada en su rostro. Siempre tuvo fe en su Creador y se sentía segura de que marchaba a encontrarse con Él.

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MP
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