¡Hola Amante de las historias!
Como hijos siempre debemos honrar a nuestros padres. Su amor es incondicional y ellos son sin duda alguna, nuestros primeros maestros.

Acompáñanos a conocer la historia de este hombre que nunca valoró el inmenso regalo de vida que su padre le obsequiaba cada día. Lee hasta el final y compártelo.

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Se Avergonzaba De Su Padre Por Ser Humilde

El Señor Lin enviudó cuando su esposa trajo al mundo a su único hijo. Este hombre, no volvió a casarse y se dedicó a trabajar duro para echar adelante a su pequeño.

El niño fue creciendo y no entendía el porqué su papá lo único que hacía era trabajar y ahorrar si a fin de cuentas, nunca salían a divertirse.

Una noche el padre le entregó un dinero al niño diciéndole que era para que lo tuviera en su bolsillo y sacando un frasco que usaba como alcancía, le indicó a su hijo que debía guardar un poco. El muchacho le preguntó:

– Papá ¿Por qué no somos ricos?

El padre respondió de inmediato:

– Hijo, ser rico no se trata de cuánto tienes sino de cuánto das.

El muchacho era muy infeliz. Deseaba crecer pronto e irse de su casa lejos de su padre, para estudiar, graduarse y ser rico. No quería ser un perdedor como su padre.

Así sucedió, el muchacho partió de su hogar a estudiar y emprender su camino. Mientras tanto su padre siguió trabajando y esforzándose como siempre.

El joven se alejó más y más de su padre, no iba a visitarlo ni se reunía con él en fechas especiales. Sencillamente, NO TENÍA NI QUERÍA TENER TIEMPO PARA ÉL.

Una llamada lo cambió todo…

El tiempo transcurrió y un día el hijo del Señor Lin, recibió una llamada notificándole la muerte de su padre.

El muchacho trató de postergar el viaje pero era ineludible. Él era el único familiar directo del Señor Lin.

Después del funeral, al entrar al apartamento de su padre, el hombre vio que todo lucía como el día cuando él se había marchado y encontró sobre la mesa, unas cartas de agradecimiento dirigidas a él mismo, por donaciones que había realizado.

El joven  fue a la sede de la organización que enviaba la correspondencia y allí encontró la respuesta.

Su padre había trabajado durante muchos años en la fundación como voluntario, brindando apoyo a muchos niños discapacitados.

Les daba amor y compañía, los motivaba a salir adelante y aportaba dinero en nombre de su hijo.

¿En mi nombre?, preguntó el joven. Yo nunca lo supe -continuó diciendo- Mi padre jamás me dijo lo que hacía.

Este hombre que siempre se avergonzó de su padre, que lo juzgó y abandonó, tarde entendió el gran ejemplo que siempre recibió de él. Dar sin esperar nada a cambio es la mayor riqueza del ser humano.

A partir de ese día el hijo del Señor Lin honró la memoria de su padre, continuando la obra que él había empezado.

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MP
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