¡Hola amante de las historias! Se ha demostrado que la actividad física tiene un efecto equivalente a la medicación para el trastorno depresivo mayor. Por útiles que sean estos hallazgos, no sirven de nada cuando las personas no pueden motivarse para hacer ejercicio.

Descubre la historia de Andrew Goldblatt, quien tomó la decisión de cambiar su vida después de un impactante suceso. ¡Quédate hasta el final para que conozcas el desenlace de la historia y No olvides Compartirla con tus amigos!


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Transformó Su Cuerpo Para Combatir La Depresión… Así Se Ve Hoy

Cuando Andrew Goldblatt tenía 15 años, su padre falleció. Goldblatt, que ahora tiene 25 años y trabaja en un gimnasio en Hauppauge, Nueva York, cayó en una profunda depresión. 

Siempre había sido un niño fuerte cuando crecía, y mantenía un buen peso, ya que, pertenecía al equipo de futbol y era bastante bueno en ello.

Pero con la muerte de su padre no quería nada más que estar acostado en su cama todo el día, mientras comía grandes cantidades de comida. La depresión le quitó hasta las ganas de jugar fútbol o hablar con sus amigos.

Él calcula que consumía 10.000 calorías casi todos los días. En cinco años, ganó más de 90 kilos, hasta que llegó a pesar más de 200 kilos.

No solo tenía sobrepeso, sino que estaba básicamente postrado en cama.

El momento del cambio

El punto de inflexión llegó cuando tuvo una convulsión en su habitación. Los paramédicos se apresuraron a ayudarlo, pero debido a su peso y tamaño, no tenían forma de llevarlo al hospital. 

Era demasiado pesado para la camilla, por lo que consideraron abrir el costado de su casa y usar una carretilla elevadora para transportarlo. Después de esa experiencia, se resolvió cambiar.

Al principio fue difícil. Llevar sus 200 kilos le hizo imposible comenzar a hacer ejercicio. En cambio, comenzó simplemente caminando. Caminaba un kilómetro al día, lo que le llevaba unos 35 minutos. 

Con el tiempo, centró su atención en la dieta, contando sus macros y observando sus calorías. 

Cuando se aburrió de caminar, se unió a un gimnasio y comenzó a levantar pesas, lo que hizo que se enamorara de su nuevo estilo de vida.

Realmente nunca ha seguido un régimen de entrenamiento o plan de dieta; solo trató de encontrar lo que funciona para él. 

Y así es… su nueva vida

Hasta ahora, lo que en verdad le hace feliz es ir poco a poco, tomándose su tiempo. Mientras continúa aumentando la intensidad de sus entrenamientos. 

En cinco años, pasó de unos 200 kilos a un peso de 120. Andrew compara su progreso con una bola de nieve rodando cuesta abajo, poco a poco se convierte en una avalancha. Su mantra es «Estar orgulloso, pero nunca satisfecho».

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