¡Hola Amante de las historias! No importa la edad que se tenga, para un hijo el cuidado de la madre siempre va a ser el ideal. Y la tierna historia que conocerás hoy lo confirma.

Una anciana de 98 años se mudó al mismo asilo de su hijo de 80 años para acompañarlo diariamente. Quédate hasta el final para conocer todos los detalles y comparte la información con tus amigos.

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Anciana De 98 Años Se Muda A Un Asilo Para Cuidar A Su Hijo De 80 ¡Tengo El Corazón En La Mano!

Ada Keating, tuvo a su único hijo a la edad de 18 años de edad. Aunque en el momento fue duro para ella tener el rol de madre en plena juventud, el instinto maternal natural fue su mejor aliado para »sacar a adelante» a su hijo.

Lamentablemente, el padre del hijo de Ada perdió la vida en un accidente automovilístico cuando ella estaba embarazada y desde entonces supo que tendría que afrontar toda la situación sola y con muchísima madurez.

En la actualidad, ella tiene 98 y su hijo 80 años y luego de que Tom se fuera a un asilo, Ada no aguantó un mes sin ver a su hijito cerca y decidió registrarse en el mismo asilo que él para que su »complicidad» prevalezca.

“Cada día voy a la habitación de Tom a darle los buenos días y las buenas noches. Si salgo a la peluquería, él está pendiente de mi regreso y cuando regreso me recibe siempre con los brazos abiertos para darme un abrazo.

No importa la edad que tengas, jamás dejas de ser madre”, Asegura Ada.

Aunque ella es mayor que Tom, su edad no es una excusa para »no tener energía» y sigue demostrando ser una madre proactiva que aunque no tiene las capacidades de su juventud »intactas», está bien preparada para mostrarle afecto a su hijo hasta el fin de su vida.

Tom a sus 80 años aún recibe uno que otro »regaño» por parte de su madre, sin embargo, ambos son muy felices juntos y disfrutan esta etapa de su vida que no todos tienen el privilegio de alcazar.

Por lo peculiar del caso, los cuidadores del asilo viven encantados con este par y están contentos de poder cuidar a una madre e hijo ancianos que se mantienen muy unidos.

Esta simpática historia es un vivo ejemplo de que el amor de madre no tiene límites y ellas siempre estarán dispuestas a ayudarnos aunque dejemos de ser sus »pequeños».

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ML

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