¿Conoces a la mujer que a sus 86 años es luchadora y se puso a estudiar a una avanzada edad? Es admirable la voluntad con la que esta anciana ocupa su vida.

Es un ejemplo que muchas personas deberían verse reflejadas. Conoce su historia te va a encantar.¿Quieres saber de qué se trata? Mira hasta el final…

Abanderada a los 89: el deseo de superación es más fuerte

Imagen de lanacion.com.ar

Emma Barraza se levanta antes que cante el gallo. A los ochenta y nueve años, se pone de pie sin ayuda. Apenas abre los ojos, apura sus cuarenta y pico de kilogramos repartidos en una figura enana que no llega al metro cincuenta.

Semeja débil, mas es diligente, ligera. Tras tomar unos mates, sale al patio. El canto del gallo la acostumbra a asombrar contando sus gallinas. «Son dieciseis», precisa. Sabe que si madrugó demasiado el gallo la interrumpirá cuando cuente huevos.

«Levantó un par de docenas al día», afirma, y reconoce que recién este año pudo hacer irrebatibles sus cuentas.

El mes pasado, Emma sorprendió a su profesora con doce huevos del tamaño de un limón.

María del Val Cajes contuvo la emoción. No la conmovió tanto el ademán pues Emma acostumbra a ir a la escuela con caramelos o bien torta para invitar a los otros diez pupilos con los que comparte el sala en la Primaria de Adultos setecientos uno de General Pinto.

La «seño» Val, como le afirma Emma, apreció que en esa docena había doce huevos. «Emma aprendió a contar», se persuadió. En clase la había visto contar, más no le ocasionó tanta satisfacción como ver la naturalidad con la que aplicaba lo aprendido en una labor rutinaria.

Emma llegó a esa escuela pública bonaerense hace 3 años. Era la primera vez en su vida que pisaba un sala.

No sabía leer ni redactar. Era inculta, como muchos de los setenta pupilos que tiene la primaria de adultos de ese pueblo rural, que vive de las vacas y los cultivos, suma unos seis mil habitantes y está trescientos cincuenta kilómetros al oeste de Buenos Aires.

Desde el instante en que la «seño» Val la tomó como pupila, aprendió a redactar su nombre, reconoce las letras, copia textos, hace cuentas y sabe cuánto vale cada billete que recibe cuando cobra la jubilación mínima.

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