¡Hola amante de las historias! ¿Sabías que la amabilidad es uno de los mejores regalos que se pueden compartir? ¿Sabías que además puede ser útil?

En esta oportunidad te hablaré sobre la amabilidad como valor, y cómo puede afectar tan positivamente no solo a ti si no a quienes te rodean.

Después de que hayas terminado de ver ésto, podrás ver desde otra manera dicho valor, y sin duda comenzarás a practicarlo más.

¿Quieres saber más al respecto? Entonces quédate con nosotros y no olvides contarnos tu opinión en los comentarios. 

Es importante compartir la amabilidad.

La amabilidad es un valor en el que muchos siguen creyendo. Es el lenguaje del respeto y la consideración, es la almohadilla que amortigua los cambios de la vida y ese regalo que ofrecemos mediante las miradas, las palabras y con los pequeños actos del cada día.

Ser amable no cuesta nada y, no obstante, se logra mucho. Con esta buena actitud una gran disposición.

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Los especialistas en liderazgo y psicología organizacional, por poner un ejemplo, saben que ser amable o no es un concepto que armonice mucho con esas dimensiones que semejan asegurar que una compañía esté bien posicionada en el mercado.

La competitividad, el poder, la repercusión o bien la innovación están sobre esa hermandad poco útil donde reconocer al otro implicaría perder estatus, tiempo y eficiencia.

Por otra parte, y conforme Félix Losada, directivo de Marketing y Relaciones Institucionales y autor del libro Protocolo Inteligente, si somos menos agradables es por un hecho muy específico.

La cortesía social evoluciona, y en nuestro caso lo ha hecho basándonos en un contexto marcado por las prisas, el agobio y el consumismo, ahí donde la persona está más centrada en sus universos ególatras que en asomarse cara sus planetas próximos.

En el presente, no falta quien piensa que ser amigable es perder el tiempo o bien correr el peligro de que nos tomen por debil, o bien por unos interesados.

En el campo empresarial, por servirnos de un ejemplo, el compañero que es resuelto, afable y alcanzable es visto con falta de confianza.

Por el hecho de que lo más probable, de qué manera no, es que sea un “trepa”, que busque con su comportamiento ascender puestos y ganarse un sillón.

La amabilidad, por su parte, tampoco es una dimensión útil en los campos de dirección. Por más que nos “vendan” que los directivos de ahora están formados en Inteligencia Sensible y en afinadas actividades grupales.

Lo único que procuran es que los empleados cumplan los objetivos, y que la organización sea competitiva en un mercado siempre y en toda circunstancia alterable y opresivo.

Fuente: lamenteesmaravillosa

Es importante reconocer que la amabilidad no solo afectará nuestro entorno laboral, si no también nuestro estilo de vida cotidiano.